El piso en el que fallezco.
Discordia ordinaria, funesta, intransigente. Devuélveme el placer de sentir dicha ante la vida que habita un ser despiadado, sincero como el diezmo de un pobre creyente en la fe del credo, que solo se arrastra hasta la esencia creada por mentes humanas para dejar pisar sus cabezas ,gachas, ante la falsa majestuosidad que interpretan.
Interpreto, yo, quien los observa, falsedad cruel y desdichada ante la postura perversa incrustada en los corazones de muchos...
Bajo batas y uniformes con corbata, encuentras dismorfias moustrosas de orígenes diversos, de corazones maltrechos, que cubrieron de lúgubres escamas las amordazadas almas que una vez se mostraron "sanas".
Constructo de quienes pueden decidir aquello patológico, regulado, aquellos también tocados por la vara del control, educados por palacios creados por aquellos de los que me he estado quejando.
Devuélveme el placer de sentir... el placer de sentir...
Sentir la impotencia ante la injusta fusta que pega con más fuerza a aquellos con menos defensas, psicológicamente extenuados por aquellas mismas trabas en rama, de las que formamos parte por no hacer nada, fingiendo demencia ante la guerra que ganan... me ganan... y desfallezco... caigo en el mar profundo del silencio, tocado por lagrimas acumuladas que, sin pedir permiso... deslizan por mis mejillas...
Tiemblan, mis rodillas y me vuelvo etérea, casi como si no existiera... casi como si no doliera.
Dolor, te abrazo para que menos duelas, pero mis brazos se convierten en descanso, sostén y calma... y me vuelvo una contigo, para encontrar que siempre fuiste una conmigo. Sumergida en nuestros brazos, tibios, acomodada sutilmente para no salir de aquí. Se esta tan cómoda en el fondo, recostada en el piso todo pesa menos, veo la salida a lo lejos.
Mi mano pesa... no la alcanzo... suben burbujas a ella y se pierden con susurros risueños de soles lejanos. Brilla luz del medio día... algún día, encontraré la salida.
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