El piso en el que fallezco.
Discordia ordinaria, funesta, intransigente. Devuélveme el placer de sentir dicha ante la vida que habita un ser despiadado, sincero como el diezmo de un pobre creyente en la fe del credo, que solo se arrastra hasta la esencia creada por mentes humanas para dejar pisar sus cabezas ,gachas, ante la falsa majestuosidad que interpretan. Interpreto, yo, quien los observa, falsedad cruel y desdichada ante la postura perversa incrustada en los corazones de muchos... Bajo batas y uniformes con corbata, encuentras dismorfias moustrosas de orígenes diversos, de corazones maltrechos, que cubrieron de lúgubres escamas las amordazadas almas que una vez se mostraron "sanas". Constructo de quienes pueden decidir aquello patológico, regulado, aquellos también tocados por la vara del control, educados por palacios creados por aquellos de los que me he estado quejando. Devuélveme el placer de sentir... el placer de sentir... Sentir la impotencia ante la injusta fusta que pega con más fuerza...