Solo veo números espejo.
Descargo la falta de empatía asistida por mi angustia y no encuentro coherencia entre tus acciones y palabras.
Llamo a mi rabia para hacerse cargo de mi mustia falta de sentimiento, que ahora es imprescindible que sola repare, porque contigo sería perdonarte. La divina comedia de esta perdida consolidada por tu concupiscencia; hombre obnubilado por demoniacas negruras; discursos señalados desde el purgatorio de mi ser; tristeza incondicional a la falta que igual me generas.
Me arrancaste el alma y ahora pides perdón; faltas de respeto tras otras. Perdiste tu decencia y mis ilusiones, cargaste con secretos y me endulzaste el oído con bellas palabras de magnificencia. Dijiste conocerme y pretendiste salir ileso de la traición, la falacia, la bajeza...
Te da miedo conocerte y por eso temiste a mi conciencia ,de mi misma, completa, libre, extasiada por las maravillas de la existencia. Fuiste a destruirme y lo lograste. Sin pensar en la carencia abatida por irracionales traiciones conocidas por tu mirada ilusionada, enamorada, nublada. Sentiste la ira, el dolor la incongruencia.
Ahora te pregunto, ¿por qué, conociendo el dolor presente decidiste en un acto consiente tenerme atada de pies y manos al dolor intransigente?
Fuiste la caída de un imperio que ahora no volverá jamás, por atentados morbosos e indecentes.
Mis ojos estáticos mirando desilusionados por los recuerdos evocados de sentir el clamor de verte sin reconocerte...
Hasta que te encontré entre lagrimas y culpa; diversas formas que reconocí como propias, aquellas que conocí y enamoraron mi ser por ser conocidas pasadas.
Pasabas horas conmigo, solíamos deslizarnos por las sabanas entre caricias y micelial encuentro entre cuerpo y cuerpo. Maldito sea el día que no paraste por amor al arte; arte que éramos; arte que surgió de nosotros al tenernos y expresamos con hojas en blanco y letras pasando.
Restringida me vi de acariciarte al notar que te perdía por tus formas dolidas. Siento que ningún verso en digno de aquello que perdimos, no encuentro la forma de expresar lo bellos que fuimos. Quizá tu grandilocuencia ayudaría en el camino de definirnos sin limitarnos a dolor y caminos equívocos.
Equivocada estuve, al confiar que cuidarías mi inocencia de las afiladas garras del engaño, inmersa y doliente, no por el acto, sino por la perdida agónica concretada por tus intentos... aunque presentes, incompletos. Celos desenfrenados por secretos no revelados.
Dijiste amar el canto del pájaro pero pretendiste enjaularlo...
Amar libre es un acto de valentía, confianza, autoestima. Te pedí que amaras tu vida para no necesitar-me. Me hiciste entender que no entendías las ganas que tenía de sanar-te, aunque no podía... Quien más que tú para sanar tus propias heridas mientras yo, vendando tu alma, te amaba, desde el alma mía.
Mi asombro sonaba a enojo, pero sentía retorcer a aquel que te dijo te amo por primera vez.
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